Elegir lo mejor posible o el mal menor

Decidir con miedo al peligro o buscando ganar

Decidir con miedo al peligro o buscando ganar

El “8N-iu-es-ei” (elecciones presidenciales norteamericanas de 2016) luce como una elección entre dos malas opciones: “la peor” o “la menos peor”. No estoy seguro que así sea, aunque cualquiera sea la decisión de los electores norteamericanos ─que puede o no coincidir con lo que elija el pueblo norteamericano─ nos va a afectar a todos en todo el universo. Confío que la gente elija ganar y no decida impulsada por el miedo al peligro.

La encrucijada ofrece un gran valor didáctico para quienes estamos interesados en las ciencias de la decisión: ¿elegir lo mejor posible, es lo mismo que optar por lo menos malo?

El problema de elegir entre dos opciones “malas” retrotrae al consejo de Phil Libin, fundador de Evernote y socio en el fondo de capital de riesgo General Catalyst. Él recomienda encontrar oportunidades de negocios que podrían ofrecer retornos de inversión del 500%. Al analizar dónde y con quién invertir, antes que ver las amenazas y los problemas de las ideas, se debe enfocar qué podría suceder en el mejor de los casos si la idea que propone un emprendedor innovador sale bien; si la respuesta es la promesa de un gran beneficio, luego de superar las dificultades, entonces ese proyecto merece un examen crítico y recibir el capital necesario para ponerlo en marcha.

El capital de riesgo asume que algunas de sus decisiones de inversión fracasan, porque lo que buscan en el peligro de elegir lo mejor con el riesgo de quedarse con lo peor es un ganador que no solo compensa algunas pérdidas, sino que, fundamentalmente, rinda grandes beneficios.

Cuando tratamos de elegir la mejor opción que tenemos nos enfrentarnos con nuestra ancestral debilidad humana de elegir “lo menos malo”. La parte primitiva de nuestro cerebro está programada para reducir las amenazas más que para lograr el máximo beneficio.

Evitar caer en los barrancos

Nuestros antepasados nos legaron el temor a no caer por los barrancos que debemos sortear para alcanzar nuestros alimentos. Así que, cuando tenemos que elegir entre dos propuestas, solemos optar por la que ofrece menos peligro y dificultad. Muchas veces, por esto: perdemos nuestras mejores oportunidades para ganar.

El ejemplo clásico del síndrome “entre lo malo, elegir lo menos malo” es lo que hizo la Western Union al rechazar el invento que le ofreció Graham Bell para quedarse con el telégrafo porque el teléfono parecía tener “más problemas” que su potencial ventaja comercial.

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