Rasgos del Liderazgo para el "Día Después"

Aquellos que crean que estos tiempos son particularmente difíciles para los líderes no saben de qué se trata el liderazgo y deben saber muy poco o nada sobre la historia; porque siempre el liderazgo ha sido y seguirá siendo un desafío complicado y no hubo un solo día, en la evolución humana, que no haya sido “crítico”. La evolución, en si misma, es una resultante de estados críticos en muchos aspectos de la vida (también de “los negocios”).

En todos los tiempos fueron necesarias personas que inspiren confianza, capaces de generar espíritu innovador, flexibles al cambio, que sepan adaptarse y ayudar a los demás a reestablecer el equilibro en la incertidumbre que se generan durante las crisis y perduran a través de sus consecuencias.

No existe un solo libro, ni una sola teoría, nadie, nunca jamás que haya tratado con cuestiones de liderazgo. que ha evitado presentar o recomendar la importancia del liderazgo innovador y flexible, la habilidad para prever y adaptarse a “los nuevos tiempos” y a “las circunstancias inestables”.

Tengo la convicción de que los líderes son aquellas personas capaces de desempeñar correctamente los “rasgos de liderazgo” en las peores circunstancias para lograr los mejores resultados.

Millares de estudios de casos, cuidadosamente documentados, demuestran que siempre han existido personas que desafiaron paradigmas considerados inmutables, transgredieron normas establecidas acerca de lo que había que hacer y cómo había que ser; incluso, en la mayoría de las veces, sus éxitos sobrevinieron tras una gran cantidad de fracasos de variada intensidad.

Como líderes, todos sabemos que hay momentos en que tenemos que tomar riesgos, y hay veces que tenemos que evitar los riesgos. Hay veces que tenemos que ser firmes sosteniendo nuestras propias convicciones “conduciendo” contra “viento y marea”, y hay momentos en que tenemos que ser jugadores en la retaguardia del equipo.

Todo ser humano tiene las condiciones para el liderazgo, el liderazgo es un rasgo innato a la naturaleza humana que necesita algunas condiciones ambientales y ciertos estímulos personales para que florezca la habilidad para ser un líder; pero son Grandes Líderes quienes saben cuándo, cómo y en dónde establecer un razonable equilibrio entre sus rasgos personales y las circunstancias de sus empresa.

En “tiempos difíciles” la empresa necesita un líder con el coraje y la convicción suficientes para tomar decisiones difíciles —¡y hacerlo rápidamente! Esto significa que a veces los dirigentes tienen que actuar con independencia, por su propia cuenta y riesgo, sin necesidad de un consenso. Sin embargo, en otras circunstancias, el consenso con la gente que él conduce es la «clave del éxito». La habilidad de Gran Líder está en saber cuál es la diferencia entre ambos extremos.

El lado oscuro de este equilibrio es el autoritarismo.

El promisorio coach José Carlos Amo Pérez reflexionaba hace pocos días en un micropost en su sitio de Twitter, qué hay de cierto en que el talento humano es el principal activo de las empresas modernas, justo en el momento en que las empresas modernas despiden gente a a mansalva, de una manera salvaje, o aplican Expedientes ERE con la misma responsabilidad de quien se toma un par de cervecitas. Amo Pérez propone relfexionar en estos términos:

En ésta época de despidos ¿qué hacemos con la frase “las personas son nuestro mejor activo”?… Veo que cuando pase la crisis y le digamos a los empleados que deben implicarse y comprometerse porque son el activo más importante de la compañía vamos a oír pedorretas y ver cortes de mangas.

Al final, parece ser que tanta teoría sobre los rasgos de los Grande Líderes que todos queremos tener constituye un utopía; parece que sólo hay una métrica constante: el rendimiento.

El arquetipo de liderazgo y el éxito empresario tienen la dimensión del “cuadro anual de resultados”; sobre esa base cuantitativa, se toman decisiones sobre cuánta gente trabaja y quien las lidera hoy en la empresa. El resto: el aprendizaje, el valor del talento, los recursos de los humanos, parece que han perdido toda importancia; si hoy perdemos, ahora tomamos decisiones que quizás resulten más dañinas mañana, pero ahora “bajan la temperatura” en organizaciones que están gravemente infectadas de “directores” que no son “conductores”.

Ser un “Gran Líder” significa tener la visión estratégica para reinventarse a si mismo, y al su negocio, en función de lo que los tiempos requieren.

Es verdad que hoy hay una gran presión sobre los directivos; ¡pero que siempre ha sido así!

Nunca, existió un tiempo en que los directivos no sufrieran presión (a veces para conducir crisis económicas, inestabilidad política, salvajes embates de la competencia, inesperados cambios de hábitos del consumo, innovaciones tecnológicas disruptivas y otras “calamidades”).

Las buenas noticias son que siempre, aún durante las Grandes Guerras o en cataclismos naturales de primera magnitud, existieron Directores Generales, talentosos conductores, que han superado pruebas de escenarios cercanos al “cataclismo final”.

En esas circunstancias se puso en evidencia la verdadera naturaleza del liderazgo, la integridad de Grandes Líderes, sus valores y su firme compromiso con el interés de las organizaciones que condujeron o conducen y de la cada una de las personas que trabajan en ellas.

Para estas personas, es que vale la pena seguir creando conocimiento sobre la naturaleza y las buenas prácticas del liderazgo innovador.

Expreso estos pensamientos, porque tengo la firme convicción que siempre existirán y se recrearán buenos emprendedores, que se crearán mejores negocios y que, como en el pasado, continuarán floreciendo muchos más líderes “de clase mundial” en el futuro.