¿Dónde apoyar a la reforma educativa?

Hoy ha entrado una nueva cuestión en la escena: la dimensión política de impulsar las escuelas 2.0. Para profundizar en este tema sugiero una atenta lectura de: “Política y turismo digital: Zapatero no está en Internet”, publicado por Dolors Reig.

Me preocupa que la discusión se siga centrando en los aspectos instrumentales de la metodologías y sus herramientas, como si las tic pudieran por sí solas revertir el modelo de reproducción cultural que en los últimos 150 años o más han estado produciendo líderes empresarios, dirigentes políticos, técnicos y obreros que conducimos al mundo a sucumbir bajo una nube de sucia polución física y moral.

Es inexplicable que todavía resulte un “sorpresivo descubrimiento” que la “crisis Ninja, subprime (o como quieras llamarle)” tiene muchos componentes en la manera en como se han formado a los inversores, a los consumidores y a sus respectivos mediadores financieros apañados por políticos y funcionarios que suelen “mirar para el otro lado” de los problemas de cara a sus propias soluciones para sus propios problemas.

Me preocupa que las escuelas continuen siendo pensadas en términos de “dotación tecnológica” sin comprender la imperiosa necesidad de comenzar por el reflorecimiento del talento docente, la profunda transformación de la metodología con que se los prepara para ejercer la profesión y, en especial, prescindiendo de la revisión sobre los contenidos que son necesarios aprender para enfrentar a los nuevos problemas que se necesitan resolver.

Me preocupa que contenidos tales como “aprovechar oportunidades”, “tomar decisiones”, “iniciativa”, “autoestima”, “autoeficacia”, “controlar el riesgo” y “disonancia cognoscitiva” todavía no sean materia de estudio en todos los niveles y disciplinas de la “enseñanza”; más todavía, me preocupa que se siga asociando a “la educación” con “la enseñanza” sin considerar el protagonismo que tiene “el aprendizaje” en las nuevas generaciones de estudiantes.

Me preocupa que cuando los políticos hablan sobre “la educación”, se refieren en palabras al largo plazo, pero que en la realidad de sus intenciones más o menos coincide con “las próximas elecciones”.

Me comienza a preocupar, muchísimo, que “la familia” todavía no sea comprendida como un recurso básico, fundacional e inextricable de “la (institución) escuela” a la hora de establecer, planificar y ejecutar las reformas imperiosas que necesita todo el sistema educativo contemporáneo.

Me preocupa que la educación siga siendo un sector institucional reaccionario, conservador e impenetrable por la creciente red de talento que surge espontáneo en la “sociedad civil”, pero que a poco de cobrar vuelo va anquilosándose en las mismas malas prácticas que el sistema que pretende cambiar (hasta que cobra el primer subsidio o logra un “pelotazo” dentro de la “Admón”).

Concluyo

La familia del estudiante no puede estar ausente de lo que debería suceder.

El primer paso, la formación de los nuevos perfiles profesionales de facilitadores de aprendizaje (antes, genéricamente llamados “docentes” = los que iluminan) tiene que ser inmediatamente seguido por la inclusión de la familia como la articulación básica entre el aprendizaje y la práctica y el punto del apoyo de la inserción del nuevo talento que egresa de la escuela, en la sociedad, para la polinización del conocimiento en mejor calidad de vida del entorno local.

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