Enseñar a innovar con una cuchara

Innovar es simple

Innovar es simple

Para que los estudiantes tengan éxito hay que promover su creatividad y estimular sus capacidades para innovar. Es simple. El problema es que el típico diseño de las carreras profesionales en Iberoamérica ofrecen una limitada cantidad de oportunidades para aprender experimentalmente la creatividad y la innovación. La formación que imparten se estructura con un eje centrado en el proceso de enseñanza previsiblemente lineal proporcionado documentación que se debe estudiar y demostrar, ante mesas examinadores, lo que se ha aprendido.

La educación pública no enfatiza la creación de pensamientos originales, porque supone que esa habilidad será producida, de una manera natural, como resultado de enseñar a resolver problemas.

La creatividad y la innovación deberían pasar a ser el corazón de la formación superior; en tanto “aprender a resolver problemas” debería ser un medio y no el fin.


Poseer talento creativo y habilidades para innovar es el mayor valor que un estudiante se podría llevar de sus estudios profesionales. Pero la realidad es que los egresados se llevan un “título” que les habilita a desempeñar una profesión (médico, ingeniero, físico o biólogo), aunque no garantiza que sea creativo ni innovador.

En la gran mayoría de los casos egresan de las Universidades con expectativas inciertas si van a conseguir un empleo adecuado con su vocación. Aun cuando la mayoría logra insertarse en el “mercado”, solo una minoría logra satisfacer sus expectativas. ¿Por qué?

Han sido entrenados condicionados por patrones de comportamiento en los que deben responder (correctamente) a preguntas que ellos no han diseñado, sobre cuestiones o problemas que no han buscado por sí mismos ni por su propia curiosidad, ni por su propia iniciativa.

Es “el profesorado” (luego serán “los jefes”) quienes plantean los problemas y tienen la propiedad del criterio para aprobar o sancionar la calidad de las respuestas.

¿Cómo podemos enseñar a innovar a los alumnos de grado cuándo, la innovación, es un área de aprendizaje que desafía el orden prescriptivo de la enseñanza?

En primer lugar, una vez provistas las bases conceptuales de las profesiones (anatomía y fisiología, matemáticas, física, etc.) los estudiantes deben buscar modelos para crear sus proyectos de investigación. El conocimiento no es un frasco de miel, en donde meter una cuchara y saciarse hasta rebañar el fondo. Más bien: el conocimiento es la cuchara.

Los buenos educadores proveen a sus estudiantes con cucharas para rebañar frascos de miel. Con esa herramienta, “saber aprender”, el aprendizaje seguirá progresando indefinidamente. Hay que alentar a encontrar modelos en los que se desafíe hallar nuevos problemas que se deben resolver.
Los estudiantes demandan herramientas, se las proveemos sin cuestionarnos si estamos facilitando crear entornos en donde aplicarlas creativamente para innovar.

8 comentarios en “Enseñar a innovar con una cuchara

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