Hasta nunca docentes, bienvenidos conectores

Docente. Fuente: Foto de Austrian National Library en Unsplash
Docente vs Conector
Más que un deseo, es una prioridad para que el mundo se transforme en un lugar más justo, seguro y confortable para vivir: neutralizar a los malos docentes y estimular a los buenos educadores; por eso: hasta nunca docentes ¡bienvenidos conectores!.
 
Desde hace un par de semanas, y cada vez con mayor frecuencia, docentes de todos los niveles y países de Iberoamérica, están publicando en sus muros en Facebook y LinkedIN comentarios de apoyo y admiración a la nota del Dr. Daniel Arias-Aranda, Profesor con Dedicación Exclusiva en el Departamento de Organización de Empresas de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada, “La sinceridad de este profesor de universidad andaluz: «Me dedico a engañar, no a enseñar” publicada el 4 de enero de 2023 en el periódico digital “La Voz de Cádiz Andalucía”; por favor, antes de continuar leyendo este post ruego leer esa publicación en su fuente original.
 
Cada mención y comentarios sobre esa nota en las redes sociales (muros individuales, grupos y comunidades), recibe decenas de apoyos de otros docentes acerca de la visión sesgada sobre alumnos con electroencefalograma plano, incapaces de aprender, desinteresados en desarrollar sus capacidades intelectuales e incluso con severas deficiencias en sus habilidades para la comunicación oral y escrita, “anestesiados por las redes sociales”… en fin, según el Dr. Arias-Aranda, los estudiantes del presente son algo así como la catástrofe universal y los que van a provocar el fin de la civilización.
 
¿Entonces qué hace el Catedrático Arias-Aranda? Confiesa: “Hoy me dedico a engañar más que a enseñar” (sic). Y fundamenta esta aberración profesional: “… Soy consciente que para vosotros, soy sólo un estímulo más que compite con las redes sociales y el vasto imperio de internet. Evidentemente, soy más aburrido que un video de influencers de Tiktok. Por eso, te digo que me dedico a engañarte, querido alumno/a. Vives en una mentira que nosotros edulcoramos. Por eso, es mejor que si quieres seguir viviendo en tu burbuja …” (sic).
 
Yo te respondo, Dr. Arias-Aranda: tú tienes que asumir y reconocer que eres un mal funcionario público, ocupando una plaza de catedrático con el mínimo esfuerzo, siendo parte del problema: la mayoría de los estudiantes universitarios españoles no aprenden porque no se les sabe enseñar.
 
Déjate de quejar de los estudiantes y revisa si tú estás en el lugar apropiado, cumpliendo con eficiencia y eficacia la responsabilidad que has asumido como “educador” primero y como “empleado público” después.
 
Mi comentario, en algunas de las publicaciones que he encontrado ha sido:

«“Dudosa capacidad didáctica; la típica anomalía de «docentes» que se apoltronan en la comodidad de ser «funcionarios» que son parte del problema, incapaces para solucionarlo. Delegan en los estudiantes la responsabilidad de aprender, lo que este perfil de académicos no sabe enseñar. «Dictan conocimientos», no facilitan aprendizajes porque no comprenden el cambio disruptivo de las nuevas generaciones de estudiantes que no se sienten motivados para rendir exámenes con «respuestas correctas» y a quienes no se les estimula la curiosidad para «crear preguntas”.
 
«La clave de la educación no es enseñar, es despertar»
(Joseph Ernest Renan, 1823/1892)». (sic)

En varias oportunidades, me han criticado con dureza, o en el mejor de los casos me han ignorado. Algo parecido me ha ocurrido en noviembre de 2021 cuando he publicado “El lado oscuro del Grado LEINN”, expresando mis críticas ─fundadas en evidencias académicas─ a la vaca sagrada de la educación para emprendedores en Europa.
 
Llevo casi 40 años trabajando en el sector de la educación de grado superior y formación profesional. Durante los últimos 24 años me dedico con exclusividad al diseño instruccional e impartición de programas de perfeccionamiento profesional para profesores universitarios y consultores de empresas, en especial en temas de didáctica del emprendimiento y la innovación en varios países de Iberoamérica.
 
Aquí no voy a hacer una apología en defensa de los malos estudiantes, que los hay; ni voy a perder el tiempo arrojando bollos de mierda a los malos docentes, que también los hay.

Tratemos de pensar de otra manera

“Docente” es un ser iluminado que da su luz a “alumnos”, que son las personas que están en la oscuridad. El docente, ilumina a seres oscuros en un proceso que suponen que es lineal: yo te enseño tú aprendes. Durante algunas horas a la semana les dicen cosas en un aula y les hacen leer centenares de apuntes y libros para que los no-iluminados (alumnos) aprendan.
 
Los “buenos alumnos” aprenden a memorizar conceptos que ellos mismos, por su propia cuenta, van a transformar en sus competencias para desempeñar un oficio o una profesión. Y están los “otros alumnos”; los que describe el Catedrático Arias-Aranda en su confesión que se dedica a engañar, no a enseñar.
 
En esto, el Dr. Arias-Aranda, no engaña. Es verdad: él no enseña. Y no porque sus alumnos no quieran aprender, sino porque él, como muchos otros docentes ─felizmente en extinción, se dedican a recitar contenidos académicos que no les interesan a los estudiantes porque no los necesitan aprender, con una metodología bastante similar a la elaboración de ladrillos: todo el barro al mismo molde.
 
enseñar vs aprender
No funciona el modelo de las palomitas de maíz (la analogía), ni las fórmulas para dibujar flores perfectas (el cuento).

Conectores entre vocaciones y oportunidades

 
Pensemos en facilitadores que articulan intereses con conocimientos, en lugar de dictar información al vuelo para que memoricen los pocos alumnos que no están “mirando las musarañas”, o a “una pantalla donde pasan cosas”
 
El resultado de comprender los nuevos estilos de aprendizaje, es diseñar dinámicas didácticas apropiadas de enseñanza, que son mucho más complicadas que “dictar clase”.
 
Precisamente, cuando Arias-Aranda afirma: “Los profesores estamos hartos de formarnos en técnicas docentes multidiversas y de pelajes exóticos para motivar al alumnado.” (sic), está indicando su limitada vocación para educar. Va contrarreloj, y está arruinando la vida y el futuro a los estudiantes.
 
Los estudiantes quieren aprender lo que necesitan saber, aunque están bloqueados por docentes que les creen incapaces de pensar nada más complejo que “los estándares del teatrillo (infantil) de Navidad” (sic). Dr. Arias-Aranda, tú eres parte de la ruina del sistema educativo. Dedícate a otra cosa que no sea la tremenda responsabilidad de capacitar y empoderar a estudiantes que quieren aprender.
 
Daniel Arias-Aranda, diferencia lo que son los “aprendizajes de entrada”, aquellos contenidos que están en la grilla académica que deben ser impartidos para certificar alguna familia profesional y los “aprendizajes de salida”, aquellos contenidos que los estudiantes con alguna vocación identificada con la ayuda efectiva de buenos educadores, necesitan aprender y ejercitar de la manera en que les resulte placentera y sencilla de comprender para transformarlos en sus destrezas profesionales.
 
No tienes ningún derecho a degradar a miles de estudiantes (no sólo a tus “alumnos”), desde la soberbia de tu sesgo cognitivo del “efecto Dunning-Kruger”. Creo que deberías comenzar por comprender que son los sesgos cognitivos que diluyen tu buen juicio, aún cuando luces tu Graduación como PhD en Economía y Dirección de Empresas.
 
Baja a la realidad, Dr. Arias-Aranda, y no presentes al pasado como el pulcro hábitat del conocimiento erudito que sólo existe en tu imaginación.

Sugerencias a los Docentes

 
Siempre, la Universidad, la educación media y la formación profesional fueron territorios comanches (hostiles) para Catedráticos con vocación de realizar el mínimo esfuerzo por el mismo precio de los educadores-conectores que saben transformar a los “limones en limonada”; es decir, al conocimiento en intereses vocacionales y destrezas profesionales.
 
Sugiero, al Dr. Arias-Aranda y a todos los docentes que aplauden la brutal descalificación de sus “alumnos”, que revisen su delito de la didáctica pasiva.
 
Sugiero que tomen Conciencia Situacional de lo que no saben que no saben , antes de delegarles a sus alumnos la responsabilidad de aprender por el simple hecho que asisten a un aula donde el catedrático les «dicta clase».
 
Sugiero que antes de aplaudir este tipo de bravuconadas de docentes sinvergüenzas, revisen que no enseña bien quien conoce una materia, sino quien comprende cómo la prefieren aprender sus estudiantes. Todo esfuerzo que los profesores hagan por comprender cómo estudiar bien, los acerca a enseñar mejor.
 
Sugiero que revaloricen a la curiosidad de los estudiantes como una habilidad tan o más importante que la memoria a corto, mediano y largo plazo.
 
Sugiero que si los estudiantes llevan sus dispositivos portátiles para distraerse en clase, con la intención de no sufrir por catedráticos insufribles, los educadores encuentren una manera atractiva para que esa potencia tecnológica de búsqueda y procesamiento de la información se integre al proceso de aprendizaje y dejen (los “docentes”) de pensar en su bello ombligo y sobre lo bien que ustedes, docentes-burócratas al uso, “enseñan” mal.
 
Además, docentes con bellos ombligos: dejen de publicar lo que otros docentes quieren leer, y digan lo que tienen que saber aunque no se trate de lo que no les guste ver: hay malos docentes y buenos estudiantes que necesitan y demandan talento didáctico más que académicos de cartón pintado.



 

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