Yin y Yang del Espíritu Emprendedor

Existe la evidencia que los incentivos del sector público destinados a la creación y desarrollo de nuevas empresas, asociados con entornos institucionales apropiados influyen en la actuación emprendedora. Por otra parte, es ampliamente aceptado que el empresario es el catalizador del progreso económico regional. Hace varias décadas que los países europeos reconocieron que la fortaleza continental ya no está en su capacidad bélica, sino que su fuerza está estrechamente vinculada al fortalecimiento del tejido empresarial y la vinculación activa entre las Universidades con las empresas.

Asociado a esto, alguna tolerancia para el fracaso y la existencia de capitalistas dispuestos a financiar start-up han convertido a la Unión Europea en un auténtico “jardín emprendedor”; yo estoy totalmente convencido que la crisis subprime acentuará esta cualidad.

Pero subsiste un problema mal enfocado: el espíritu emprendedor no es la “capacidad empresarial”; si bien es cierto que el “espíritu emprendedor” es un aspecto inherente al ser humano, por sí solo no es la causa del desarrollo económico.

¿Por qué la mayoría de los países de la Unión Europea han tenido éxito transformando emprendedores en empresarios?

Porque comprendieron que el espíritu emprendedor es una consecuencia del desarrollo de un país y no su causa. Específicamente, se crearon instituciones especializadas en el fomento de iniciativas empresariales y dedican muchos esfuerzos para crear condiciones culturales que alienten comportamientos razonablemente aventureros en términos comerciales.

Inspirados en la Ruta 66”todos queríamos tener una de esas”, le escuché decir a Felipe Romera, Director del prestigioso PTA— algunos países europeos diseñaron excelentes modelos de incubadoras de empresas, políticas inteligentes para vincular a las universidades con las empresas y enlazar actividades de I+D con la transferencia del conocimiento a la capacidad de innovación en el sector privado.

Pero si todo está tan claro, por qué estas estrategias no fueron suficientes para crear una situación de desarrollo regional homogéneo y, dentro de Europa, se profundizaron abismales diferencias de sus fortalezas empresariales y bienestar social.

En algunos lugares los políticos han confundido “espíritu emprendedor” con “capacidad empresarial” y estimularon actividades emprendedoras aplicando recursos, formación y consultoría sin crear reglas de juego ni condiciones ambientales que alienten a las iniciativas emprendedoras con potencialidad de convertirse en motores del desarrollo regional y con suficiente capacidad crítica para desalentar las “intenciones” con poca consistencia o que no estén suficientemente enlazadas con las necesidades del mercado. Sobre todo, confundieron las políticas para formentar la creación de empresas, con paliativos para enfrentar el desempleo.

Si el objetivo es el crecimiento económico con impacto positivo directo sobre la calidad de vida de la población, hay que poner atención en las políticas que fomenten la convergencia entre el espíritu emprendedor y la capacidad empresarial.

Para ello es necesario que las instituciones (universidades, sindicatos, asociaciones empresarias, ongs y la propia administración pública) establezcan sinergia para colaborar tanto en el desarrollo de las capacidades para gestionar empresas, como las características de comportamientos personales para innovar.

1 comentario en “Yin y Yang del Espíritu Emprendedor

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