Pánico

Uno de los adjetivos más usados por estos días de crisis financiera mundial es “pánico”. Tal es el sentimiento de los inversionistas al asistir atónitos a la más grave catástrofe bursátil que presagia una recesión económica de dimensiones planetarias. El “pánico”, nos enseña la Real Academia Española de la Lengua:

“Se dice del miedo extremado o del terror producido por la amenaza de un peligro inminente, y que con frecuencia es colectivo y contagioso”

La etimología de esta palabra nos remite al griego: terror al Dios Pan.

El “pánico” es colectivo, en efecto, los agentes del mercado han actuado como un solo cuerpo ante la volatilidad de las bolsas que ya acumulan pérdidas del orden del 40%. El “pánico” es contagioso, pues si bien la crisis comenzó en Wall Street, en un mundo global y “on line”, es cuestión de minutos para que las fuertes caídas de las acciones arrastren a la baja a todas las bolsas del mundo. Así, desde Hong Kong a Madrid, de Nueva York a Sao Paulo, se vive hoy un terror compartido ante el futuro inmediato.

El “pánico” nace de una amenaza inminente: el colapso del sistema financiero mundial. Esta posibilidad, cada día más próxima y cierta, ha engendrado un clima generalizado de desconfianza ante las medidas remediales que proclaman gobiernos y organismos internacionales. El terror crece frente a lo desconocido: no se trata de una crisis más, por el contrario, por primera vez en la historia del capitalismo existe la posibilidad real de que el mercado, como lo conocemos, quede abolido. La actual crisis financiera es, subrayemos, “mundial”. Esto quiere decir que no basta con que algunos gobiernos tomen medidas de urgencia. Una crisis financiera de esta magnitud se va a traducir en el corto plazo en un “crash económico”, una recesión de máxima magnitud. El panorama no podría ser sino la peor de las pesadillas, una “antiutopía” que está a la vuelta de la esquina.

Ya no es política ficción imaginar un mundo en paro, con millones de desempleados en todas las urbes del planeta, haciendo frente con violencia a gobiernos cada vez más incapaces de contener el descontento, buscando soluciones militares. Millones de ancianos de todo el mundo verán disminuidas gravemente sus pensiones. Aumento de la delincuencia en las grandes ciudades, la especulación, la prostitución y otras lacras sociales. En fin, las imágenes de hambrientos asaltando supermercados, como ha ocurrido en Brasil y Argentina, para no pensar en el descalabro total como en Haití, Somalia o Afganistán, bien pudieran ser paisajes familiares en los próximos años. Si a esto agregamos las “otras crisis”, que por el momento no ocupan titulares, como el calentamiento global o la crisis alimentaria, el horizonte es el descenso de la humanidad varios escalones hacia la barbarie.

Quizás, la única buena noticia de todo este tiempo de turbulencias, es que el capitalismo, tal y como lo hemos conocido toca a su fin. Los excesos del neoliberalismo lo han llevado a la ruina, generando un clima de especulación, corrupción e irresponsabilidad social sin precedentes. Como suele ocurrir, lo viejo debe desaparecer con estrépito para dejar lugar a lo nuevo.

Nadie puede avizorar todavía lo que viene, lo que es indudable es que no será un mercado todopoderoso y desregulado, y eso es ya un avance en el desarrollo de una humanidad más justa.

Álvaro Cuadra
Escuela Latinoamericana de Postgrados
Universidad de Arte y Ciencias Sociales
Santiago de Chile

3 comentarios en “Pánico

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