Transformar los fracasos en aprendizaje

platos rotos

Tiempo de reciclar los platos rotos

Todos queremos lograr los objetivos que nos proponemos. Paradójicamente, este deseo casi siempre está asociado con el miedo a equivocarse porque a nadie le gusta fracasar.

En todos los ámbitos de nuestra vida, profesional o personal, el fracaso causa dolor, cuesta dinero, consume nuestro tiempo y degrada nuestra autoestima.

Nos gusta la música. Pues la música tiene sonidos con diferentes intensidades y frecuencias; también existen silencios de distinta duración entre los sonidos. Si no existirían silencios entre los sonidos, la música sería un ruido ensordecedor.

Más o menos así es la relación entre logros y fracasos. Los silencios componen la armonía musical y los fracasos son parte de nuestros aprendizajes para vivir.

Los errores no se pueden evitar, incluso permaneciendo en un estado de absoluta inmovilización; lo que, por sí mismo, acarrea un proceso destructivo irreversible.

Lo que se puede evitar es que los errores o los fracasos se transformen en desastres. Y también se puede evitar que un fracaso nos transforme en personas fracasadas.

Sorprendentemente, las personas no hablan abiertamente de sus fracasos. La gente suele tener pudor, incluso vergüenza y muchas veces se sienten culpables, al comentar sus fracasos.

Por otra parte, a la mayoría de las personas nos les gusta escuchar a quienes tienen necesidad de relatar públicamente sus fracasos.

¿Suerte? No: éxito

Con mucha frecuencia se pone de ejemplo los miles de fracasos que tuvo que superar Thomas Edison hasta lograr que funcionara la luz eléctrica; o cómo la escritora Joanne Rowling (Harry Potter), que padeció una profunda depresión y estuvo sometida varios años a muchas limitaciones económicas durante los primeros años de la década de 1990, logró estar entre las 40 personas más famosas del mundo y en la lista de las 12 mujeres más ricas de Inglaterra a mediados de la década de 2000.

Todos hemos fracasado alguna vez y seguiremos fallando porque, en la vida, el fracaso es parte del éxito. Tal como ocurre con los silencios que se convierten, con sonidos, en las melodías.

Es posible que no te guste la música que estás escuchando. Entonces puedes apagar el reproductor o anular el volumen. Puede ser que no te guste el momento que estás viviendo porque el fracaso te impide ver el potencial de éxito que llevas; aunque no puedes meter la cabeza adentro de un agujero para aislarte de los problemas, ni negar por mucho tiempo que están sucediendo cosas indeseadas en tu vida que te ponen más cerca del fracaso que del éxito.

He encontrado, entre varias fuentes y en mi propia experiencia, seis estrategias para resetear la vida durante cualquier tipo de fracaso:

  1. Aceptar la responsabilidad del propio fracaso. Cuando enfrentamos un fracaso, nuestro ego es nuestro peor enemigo. Es positivo admitir los errores que se han cometido. “Fracasar” no es una remota probabilidad, es un hecho muy frecuente. No culpes a los demás, ni a las circunstancias. El fracaso no es una variable dependiente de la suerte; siempre es un resultado de decisiones equivocadas o desempeños incorrectos.
     
  2. Reconocer cuando no se logra el objetivo. Esta es la gran dificultad del fracaso. Hemos sido modelados con el mandato que “nuestro comportamiento persistente siempre provoca beneficios”, por lo que perder y rotular a un resultado como un fracaso causa sentimientos negativos que bloquean nuestra capacidad para modificar nuestra manera de actuar. Reconocer un fracaso es el primer paso necesario para ser capaz de volver a intentarlo con mayor probabilidad de éxito; siempre y cuando, que del fracaso se pueda aprender lo que no ha funcionado para modificar el comportamiento a partir de este momento.
     
  3. Asegurarse que cada uno de los múltiples factores que provocaron el fracaso se comprenden con claridad y por separado. Se puede reparar aquello que se sabe cómo se ha roto. Adicionalmente, las personas de tu entorno van a valorar más positivamente tu capacidad para superar la adversidad y olvidarán tus errores del pasado.
     
  4. Recordar los éxitos pasados. Fracasar en algo no significa que eres una persona fracasada, ni mucho menos que nunca lograrás los objetivos que te propongas, para los que tienes que aprender los conocimientos y conseguir los recursos necesarios para alcanzarlos. Enfoca siempre todas las veces que en el pasado has tenido éxitos y nunca olvides tus fracasos pasados. Seguramente, como todas las personas, has cometido errores antes y has sobrevivido a ellos. Así como has podido superar errores en tu pasado, también podrás recuperarte de tu reciente fracaso en la medida que vayas ajustando tu desempeño personal y profesional de acuerdo a lo que estés aprendiendo en el presente. El éxito es un resultado con tres vertientes: a) la experiencia lograda, b) la revisión del desempeño presente y c) enfocar el propósito futuro.
     
  5. Tomar una decisión y actuar. No hacer nada y esperar pasivamente que el tiempo mejore las cosas es una opción inconducente. La inmovilidad es la estrategia que deja chocar al bote contra las rocas. Busca ayuda de algún experto o alguien con experiencia para tomar mejores decisiones. En el momento que se percibe que se está a punto de fallar, o que se está sufriendo las consecuencias de un fracaso, es oportuno obtener consejos estratégicos adecuados y tener puntos de apoyo emocionales e intelectuales. Si no está “la persona de confianza” para actuar como un mentor para pilotear la situación puedes inicialmente leer artículos o ver videos que te ayuden rápidamente a aprender sobre los factores que te conducen a un fracaso. Aunque, el autoaprendizaje en momentos de estrés es difícil que aporte el conocimiento necesario para modificar los comportamientos y conducir procesos de toma de decisiones acertadas. Mejor: busca ayuda de un experto.
     
  6. Focalizar el futuro. Cuanto más rápido se pueda encausar al fracaso en “modo aprendizaje”, más rápido se estará listo para el éxito. ¡El pasado ya ha pasado! Es el agua que fluye en un río. No se puede cambiar lo que ha ocurrido el día de ayer. Entonces, hay que poner en valor lo que ayer nos ha enseñado para extraer las lecciones de las que tenemos que aprender. Éste es el aprendizaje que permite reciclar nuestros conocimientos, consolidar nuestra experiencia, recomponer y mejorar nuestras habilidades y, en consecuencia, empoderarnos para lograr nuestros propósitos.

El peligro es aferrarnos a un modelo de actuación, o a un estilo de vida, que nos impide considerar que el fracaso es posible y que es necesario realizar ajustes y rediseños permanentes de nuestras habilidades y comportamientos.

Debemos evitar tener un “plan Titanic”, suponiendo que nuestro modelo de vida es insumergible; sí, seguiremos flotando hasta que llegue el iceberg que no podamos ver a tiempo.

Año nuevo, década nueva. Buen momento para revisar los planes, revisar los propósitos y la estrategia y la táctica con las que estamos procurando lograrlos.



 

  • Video realizado por Aula Mi Clase, producción de contenidos para elearning.
     
  • Ilustración de esta publicación: “Broken Ceramic Plate” por chuttersnap en Unsplash

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