Mi mascota Gribus un ser de luz

Que la fuerza te acompañe, Maestro

Les ruego aceptarme que comparta con ustedes el momento en el que mi amor chocó contra mi deber, y en el que, por primera vez, entendí que ser un «adulto responsable» es más duro y doloroso de lo que jamás se puede imaginar. Tomar la decisión de ayudar a mi perro a partir fue la más difícil de mi vida.
 
En la tranquilidad de la veterinaria, mientras Gribus se iba en paz en una rápida eutanasia, una verdad sobre la que yo había leído, pero nunca había sentido se apoderó de mí con la fuerza de una explosión: el vínculo con una mascota puede ser más profundo, más puro y más resiliente que la mayoría de los vínculos entre humanos.
 
No es que los humanos seamos malos, es que los perros son maestros en el arte de lo esencial. Y Gribus, mi compañero durante 15 años, fue mi Yoda particular. Solo que, en lugar de una túnica marrón y un bastón, llevaba pelaje blanco y una cola que se movía como un sable de luz defectuoso.
 
Gribus, así nombrado por mi hijo menor que le asociaba con un astuto personaje Grievous Star Wars, tenía una filosofía de vida que rivalizaba con la del mismísimo Jedi más sabio. Aunque, mientras que el Gribus de la pantalla era un estratega taimado, mi Gribus terrenal era un estratega de la felicidad.
 
Su lema era simple: «vive, come, salta, pasea, repite una y otra vez una y otra vez… la misma secuencia». Tenía comportamientos casi obsesivos que, en mis momentos llenos de estrés, me sacaban de quicio. Su ritual de «comer, salir, comer, salir, comer, salir» en un lapso de 10 minutos podía hacer que, exasperado, yo le gritara un ─ «¡Gribus, basta!».
 
Pero él, en lugar ofenderse o esconderse, respondía con todo un repertorio de gestos que constituían su lenguaje de sabiduría canina. Una mirada que me decía ─ ¿En serio te estás alterando por esto?, un leve suspiro, un acercamiento para apoyar su cabeza en mi pierna. Su respuesta silenciosa era su lección más poderosa: ─ No te tomes todo tan en serio, gordo gritón. Nadie lo hace. Mírame, yo ya lo he olvidado.
 
Él me perdonaba al instante. No guardaba rencor por mis berrinches humanos. Su amor era incondicional, un pacto que no se rompía por mis gritos, ni por días grises. Me enseñó que el perdón no es un acto ceremonioso, sino un simple movimiento de cola y ganas de jugar (o de comer… o de mear en el arbusto de la plaza frente a casa).
 
En nuestros 15 años de convivencia, Gribus fue más que una mascota; fue mi mejor Maestro de Amistad.
 
Mientras los humanos complicamos al amor con expectativas y palabras no dichas, él lo simplificaba en presencia divertida y hurgando en el suelo una miga de cualquier cosa comestible.
 

Ahora, con su ausencia, entiendo la breve pero intensa vida de nuestras mascotas

No están aquí para siempre, sino para enseñarnos cómo vivir mientras ellos están, para que cuando ellos se integren en lo más elevado del Universo nosotros les recordemos para ser mejores seres humanos.

Gribus, mi perro que se comportaba como un perro en el mejor sentido de la palabra, me mostró que la lealtad no se negocia, el perdón no se pospone y la felicidad reside en los momentos simples, aunque a veces impliquen salir y entrar de la casa cinco veces seguidas o no dejarte comer en paz.
 
¡Que la Fuerza te acompañe, Maestro!. Y aunque tu sable de luz no era más que una ramita mordisqueada en el parque, tu sabiduría iluminó mi vida como ninguna otra.
 
Descansa, pequeño guerrero. Hasta que nos volvamos a encontrar para el siguiente paseo.



HUESO DE OSOBUCO 1 / GRIBUS O

 

8 comentarios en “Que la fuerza te acompañe, Maestro”

  1. Eva Trigo Cervera

    Querido amigo y primito, nacimos casi al mismo tiempo y, aunque sólo compartimos unos cuantos encuentros en estos quince años, siempre sentí en ti una luz parecida a la mía. Dos perritos blancos, caminando por vidas diferentes pero latiendo igual. Gracias por tu ternura, por perdonar siempre a tu padre humano (me identifico tanto), por ese corazón con patas que nunca dejó de mover la cola. Ahora descansa en ese prado tranquilo donde todo es suave y nada te perturba… ya no tendrás que alcanzar ese hueso de osobuco, porque ya alcanzaste la PAZ.
    Firmado: Honey (Hija y MAESTRA peluda de la humana Eva )

    1. Qué mensaje tan conmovedor y lleno de alma, querida Honey. Leer tus palabras es sentir que el corazón se ensancha y se enternece al mismo tiempo.

      Esa luz que reconociste en Gribus, esa conexión que trasciende la distancia y el tiempo, es el lenguaje secreto de las almas buenas. No importa que los caminos fueran distintos; lo importante es que los dos, dos perritos blancos, se supieron reconocer como compañeros de viaje en este mundo.

      Tus pensamientos son un bálsamo; «un corazón con patas», «perdonar siempre a tu padre humano» pintan con exactitud y cariño la esencia de cualquier perro: amor puro y resiliencia. Y esa imagen final del prado tranquilo, donde por fin se alcanza la paz y no hay que esforzarse más, es la visión más serena y hermosa que se le puede regalar a quien se fue allí.

      Gribus, desde dondequiera que esté, debe estar sintiéndose profundamente comprendido y amado por su primita Honey.

      Un abrazo inmenso y lleno de ternura para ti, Honey, y para tu bella y dulce mami humana que te dio la voz para este adiós tan perfecto. ♥️

  2. Guau!! Guau! Es el único comentario que me sale ahora mismo después de leer estas sinceras y sentidas palabras. Un abrazo Mario.

  3. Toñi Escudero

    Mario que bonito y emotivo. Ver la vida y los que nos rodea con esa sencillez es muy grande.Y comparto totalmente que los animales nos dan mucho más de lo que creemos en formas muy sencillas. Te deseo a ti y a tu linda familia mucho ánimo.

  4. Querido amigo , hace un año viví lo mismo con mi amado Ringo (que llegó a conocerte y manguearte comida durante el asado 🙂 Fue cómo dices la decisión más difícil de mi vida y que nunca hubiera querido tomar . Sujete su patita hasta el final, mirándolo a los ojos y agradeciéndole su vida . Fue mi Yoda y me hizo mucho mejor
    Persona . Hoy seguro junto a Gribus juegan felices eternos en algún lugar que descubriremos (ojalá porque si está ellos debe ser hermoso ) . Fuerte abrazo , que la vida nos siga regalando maestros del amor !

    1. Tengo grabada en mi corazón esa imagen de las manos de Ringo y tuya sujetándose mutuamente. Ahí anda el tipo, paseando su enorme belleza dorada alardeando con pícaro humor «este cielo es mio».

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