Nuestras tripas merecen el derecho a la duda

tomar decisiones

Cuando la tripa indica qué decidir…

Cuando tomamos decisiones tomamos un solo camino; no muchos caminos al mismo tiempo. Es un proceso más o menos complejo ─según el caso─ en el que siempre suelen intervenir muchos factores condicionantes de la adecuación entre nuestra elección con nuestros objetivos. Podemos acercarnos o alejarnos de aquello que pretendemos lograr al decidir qué hacemos, cómo lo hacemos, con quién, cuándo y por cuánto.

En general, solemos pensar que tenemos suficiente cantidad de información para decidir. ¿Es la información importante para decidir bien? A veces, después de tomar la decisión, nos damos cuenta que la información era insuficiente o que no teníamos los mejores datos para elegir una y no otra opción.

La información irrelevante, aunque sea “mucha”, es inservible. Es malo quitar una mancha con un agujero.

La información redundante, abundante e irrelevante suele crear lo que se conoce como “parálisis de análisis”. Se trata de una perversa táctica de quienes tienen interés en que nada cambie para entorpecer o dilatar la toma de decisiones.

Quienes ven amenazados sus intereses particulares, en las organizaciones, levantan muros de datos para ocultar el centro de los problemas sobre los que hay que decidir. Mientras se entretiene a la gente recopilando y analizando información irrelevante el proceso de decisión queda detenido.

Mucha gente o poca gente involucrada en el proceso también puede ser un condicionante poderoso para acertar o no con las decisiones. La cantidad de personas que intervienen en los procesos de toma de decisiones generalmente está establecida por la complejidad y la naturaleza de la organización donde se toman las decisiones, y no por la naturaleza y la complejidad del problema sobre el que se decide.

Esto implica a los conflictos de intereses de cada individuo y de cada grupo que intervienen e incluso de los que son excluidos de la decisión.

Como vemos, y sólo habiendo mencionado solo un par de cuestiones, el proceso de toma de decisiones es más que elegir una entre varias opciones, porque se trata de gestionar personas; sobre todo, es transitar entre muchas cuestiones donde se comprometen aspectos subjetivos y emocionales de los decisores (quienes toman las decisiones) y de quienes no las pueden tomar.

Yo creo que la decisión es el intento de que ocurra en el futuro algo que pretendemos en el presente. No siempre la decisión se basa en la realidad objetiva del pasado, en lo que hemos aprendido; porque la mayoría de las veces sólo consideramos percepciones subjetivas o ilusiones muchas de las cuales se pueden haber configurado en nuestra infancia sin haber madurado a través del tiempo.

Mariposas en el vientre

Por lo tanto, vale la pena prestar atención a las señales que envían las “mariposas en el vientre”; especialmente cuando nuestro estómago manifiesta un cosquilleo en contra de un determinado curso de acción que estamos por tomar.

Cuando menos: nuestras tripas merecen el derecho de la duda y es una estrategia apropiada revisar los posibles motivos por los que ellas “reprueban” lo que nuestro cerebro está tratando de provocar que hagamos pese a que sentimos, subjetivamente, que no es lo más conveniente para nosotros.

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1 comentario en “Nuestras tripas merecen el derecho a la duda

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