Si has visto más de dos publicaciones sobre Inteligencia Artificial, habrás notado un patrón: todas usan ilustraciones que parecen diseñadas por un niño de 12 años que se tragó tres películas de Matrix™ y una caja de crayones fluorescentes.
- ¿Globos cerebrales brillantes? ✔ Check.
- ¿Robots con capas épicas flotando sobre ciudades distópicas? ✔ Check.
- ¿Hologramas azules que nadie en la historia humana ha entendido para qué, ni por qué, están allí y si en realidad están o no? ✔ Check.
La pregunta es: ¿por qué? ¿Acaso la IA real —esa que se pasa el día procesando datos y recomendándote videos de perros frustrados por sus histriónicos amos— es demasiado aburrida para el marketing? ¡Exacto! Imagina el banner: “Nuestro algoritmo optimiza inventarios” con una foto de una computadora en una oficina pintada de beige con una lámina de 9.90€ que reproduce «Los Girasoles» de Vincent Van Gogh (©1888). Sería tan aburrido que provocaría el bostezo cósmico.
En cambio, si pones a un robot con ojos láser sosteniendo un globo terráqueo digital, la gente piensa: “Ah, sí, esto claramente hará que mi contabilidad sea 300% más sexy”.
Hay una teoría conspiranoica: los diseñadores gráficos odian la realidad. ¿Quieren ilustrar machine learning? Trazan rayas neones con una forma que se parece a los superordenadores Hal 9000™ y Skynet™ conectadas en una red neuronal para emprender una start up que produce y vende NFTs en Amazon™.
Y así, aunque tu IA solo sirva para predecir cuántos memes de Elon Musk verás hoy, la imagen será un cyborg mirando a un planeta hecho con ceros y unos.
También está el síndrome del por si acaso: “¿Y si la IA se vuelve autoconsciente y exige cobrar derechos de copyright? Mejor la dibujamos como Ultron™ desde ya, pa’que nadie se sorprenda”.
Claro, porque si un día tu asistente virtual dice ─“Lo siento, Dave, no puedo hacer eso”, querrás haber practicado el pánico con arte «cyberpunk».
El efecto “la realidad es decepcionante”
La IA verdadera es código, servidores y un tipo en pijama comiendo Cheetos™. Pero, ¿quién compartiría un post de LinkedIn sobre redes neuronales con una foto creada en Canva™ o Copilot™ con el prompt «Juan Carlos, 35 años, llorando frente a un error de Python»? Mejor un cerebro cuántico flotando sobre un universo alternativo.
En conclusión: las ilustraciones son como los websites de citas (Tinder™) de la tecnología. Mientes con la foto para que te den like, y luego… bueno, esperas que a nadie le importe que tú seas una hoja de Excel con esteroides.
Hasta que la IA aprenda a dibujar sus propias mentiras, seguiremos nadando en este mar de ciencia ficción (sci-fi) barata.
Nota del Autor: si algún día vemos una publicación de IA con una foto de un servidor recalentándose, Armagedón se verá sobre el horizonte más cerca que el sol y sabremos que llegó el apocalipsis.